Del editor (MATSUSHITA Hiroshi)
Respuesta de Japón ante los atentados terroristas (MATSUSHITA Hiroshi)
¿Es esto una guerra? (NAKASONE Yasuhiro, MIYAZAWA Kiichi y MATSUMOTO Ken'ichi)
Tras los ataques terroristas del 11 de septiembre contra Estados Unidos de América (EUA), se ha reavivado el debate sobre el derecho a la autodefensa de Japón. La nueva situación mundial, la amenaza futura del ciberterrorismo y de ataques con armas químicas, suscita la polémica sobre la necesidad de modificar o no la Constitución japonesa para legitimar la defensa individual y colectiva, y trabajar sobre la seguridad nacional e internacional. La falta de acuerdos pone en entredicho la precisión de una estructura legal apropiada que haga explícita la actitud de Japón en política exterior. Aunque difieren a la hora de calificar dichas acciones terroristas como un nuevo tipo de guerra o como actos criminales, los panelistas de este coloquio, dos ex primer ministros de Japón, coinciden en afirmar que el presente requerimiento de apoyo internacional contra el terrorismo no es una cuestión de defensa colectiva, y por tanto se cuestiona el envío de barcos de las Fuerzas de Autodefensa de Japón (FAD) más allá del apoyo logístico a EUA. La discusión sobre la creación de un organismo propio de inteligencia plantea si la competencia debiera recaer en el control de un sistema ligado a la Oficina del Gabinete, o si esto entrañaría un riesgo de centralismo y abuso de poder.
El debate sobre la autodefensa colectiva toma una dirección equivocada en Japón (SASE Masamori)
Apoyándose en la Resolución 1368 adoptada por el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la ONU consideró un ataque terrorista los atentados ocurridos el 11 de septiembre de 2001 y reconoció por vez primera que las actividades de represalia están justificadas de acuerdo con el derecho de autodefensa individual o colectiva contemplado en la Carta de las Naciones Unidas. Este reconocimiento se aparta de la interpretación de la ley internacional que se hacía hasta la fecha en el sentido de que una acción terrorista no es un ataque armado sino un acto criminal. Si se trata de un acto criminal no se justifica el ejercicio del derecho de autodefensa por un Estado. En otras palabras, dicha Resolución de la ONU aceptó el ejercicio del derecho de autodefensa bajo el pretexto de que un ataque terrorista equivale a un ataque armado. SASE analiza y argumenta que el apoyo logístico para colaborar con las acciones de represalia se realiza en nombre del derecho de autodefensa colectiva y añade que es necesario rectificar la interpretación gubernamental de la Constitución japonesa que no permite el derecho de autodefensa colectiva.
Después de los talibanes (TANAKA Kôichirô)
El autor es ex representante de asuntos políticos en la Misión Especial para Afganistán de la ONU. En el artículo sostiene que Afganistán necesita restablecer su infraestructura social en los campos de la educación, la sanidad, la seguridad social y, sobre todo, como factor principal, asegurar la suficiente estabilidad política para emprender la reconstrucción del país después del derrumbamiento del régimen talibán. Teniendo en cuenta el papel de la ONU en las medidas para instalar un régimen estable, el autor recalca que Japón ha de reservarse el papel de guardián de la paz.
Las reformas de KOIZUMI y la reforma estructural de las empresas (HOSONO Akio)
Grandes empresas como modelo de la reforma estructural de Japón (KATAYAMA Osamu)
KATAYAMA analiza la trayectoria empresarial de las empresas japonesas en el modo de afrontar la crisis económica tras la explosión de las burbujas financieras. Después de la prosperidad de los años ochenta, las empresas, careciendo de visión de futuro, aplazaron las reformas. Por otra parte, compañías como Sony, NEC, Honda Motor, Toyota Motor o East Japan Railway Co., Matsushita Electric Industrial Co., etcétera, pusieron en marcha su reestructuración desde el principio. Las reformas estructurales de dichas empresas no se detienen sólo en el empleo, las finanzas y la administración, sino que bajo los lemas de "demolición y creación" y "selección y enfoque" impulsan la revisión a fondo de sus actividades secundarias, incluso las que están dando beneficios. Las empresas japonesas destacan por su capacidad de desarrollo de productos y por el registro de patentes a nivel mundial; en cambio, se cuestiona su capacidad de gestión administrativa y se aboga por una reforma drástica de las empresas.
Se buscan grandes directores para pequeñas empresas (ÔNISHI Masatomo)
En la historia industrial de Japón se observa una característica que no se aprecia en el sistema estadounidense, que se basa en el ciclo ininterrumpido de "demolición y construcción". Es decir, las empresas japonesas, que se vieron abocadas a la crisis en el proceso de cambios económicos y a causa del avance tecnológico, emprendieron una revisión básica de su naturaleza, produciendo efectos innovadores y un crecimiento acelerado. El autor llama "refundaciones" a estas transformaciones de las empresas existentes para diferenciarlas de la creación de una nueva compañía. Las pequeñas y medianas empresas generan el 80 % del empleo en el territorio nacional y su capacidad tecnológica forma la base de la industria japonesa, que ocupa el segundo lugar en el mundo respecto al suministro interno de recambios. El autor subraya que las "refundaciones" de las pequeñas y medianas empresas son la clave para la reactivización de la economía japonesa y añade que en política económica es indispensable tener perspectiva para formar a buenos directores.
Estrategias para la sociedad de la teconología de la información (NISHIGAKI Tôru, SAKAMURA Ken, TSUKIO Yoshio)
Las nuevas vías de desarrollo en la tecnología de la información (TI) son el punto de análisis para la redefinición de la nueva estrategia de Japón a largo plazo en una sociedad de Red. El modo de afrontar los cambios hacia una era del conocimiento, la importancia de las redes de banda ancha, la uniformidad de la información o la industria del contenido, son algunos de los temas que se abordan en este coloquio. Mientras para TSUKIO Japón es una superpotencia en TI en fase de desarrollo, SAKAMURA se muestra más optimista y señala que Japón es el país con mayor número de teléfonos móviles preparados para Internet, suscitando este campo un enorme interés en todo el mundo. Para NISHIGAKI, la idea de mercado abierto y libre concurrencia que provocará la globalización es superficial, puesto que se generarán más ámbitos locales y mayores posibilidades de descentralización. Con la cultura como motor de la sociedad del conocimiento, se amplían nuevas oportunidades para la cultura local y más fronteras en las que cada país debe abrir sus propios huecos de mercado. Se advierte de la necesidad de desarrollar una TI al estilo japonés sin seguir el modelo estadounidense.
Cambio de rumbo en la Ayuda Oficial al Desarrollo de Japón (HOSONO Akio)
Por una revisión de la ayuda a China (WATANABE Toshio)
En los últimos diez años, Japón ocupó el primer puesto en el mundo en cuanto a los fondos destinados a la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD). Recientemente, se ha animado el debate y la crítica, incluso en el ámbito popular, sobre la orientación de la AOD. El autor cita, por ejemplo, la AOD destinada a China y propone la reforma de los programas políticos de la AOD en general. El autor sostiene que es necesario dar un nuevo giro a la AOD, que hasta la fecha se destinaba a la creación de infraestructura industrial, para dar prioridad, entre otras necesidades, a la conservación del medio ambiente y la asistencia a la población más pobre, factores indispensables para el progreso industrial y el bienestar social. Asimismo, el autor recalca la necesidad de replantearse la estrategia de la AOD a China.
Una propuesta de dividir la Ayuda Oficial al Desarrollo en dos áreas claramente diferenciadas: para Asia y para el mundo (ÔNO Ken'ichi)
El título de este artículo apunta a la revisión de la AOD como un instrumento más de política exterior. Así, la AOD debería destinarse a la creación de infraestructuras, la estructuración del sistema, la formación de recursos humanos, etcétera; es decir, por una parte, según el autor, se debe utilizar la AOD como un instrumento para contribuir al desarrollo de Asia y a su dinamismo y, por otra, para solucionar junto con otros países los problemas globales. El autor sitúa la AOD en el programa de la política exterior y en este sentido habla de la necesidad de la distinción y la dualidad de la AOD según el método y la finalidad de contribución para Asia y para el mundo.